Otra forma de comunicar y vender en internet

Por Eva Teruel

9 Nov, 2020
Chico tocando guitarra eléctrica en la calle

Seguro que estás de acuerdo conmigo.

Nunca antes fue tan fácil dar a conocer al mundo una idea, una marca, una empresa, un producto o un servicio.

¡Tenemos suerte de contar con un canal de comunicación y venta tan alucinante y con tantas posibilidades como es internet!

Sin embargo, a menudo me pregunto si lo estamos utilizando bien. En concreto, si estamos comunicando bien.

Y cuando digo bien me refiero a una forma de comunicar y vender que además de ser buena para nuestros negocios, sea buena (pero buena de verdad) para las personas.

Por supuesto que hay miles de ejemplos de buena comunicación en los que inspirarse (de algunos de ellos ya te hablé aquí). Pero es taaaaanto el ruido que hay en el entorno digital, que no siempre son fáciles de encontrar.

Por eso, creo que sería bueno plantearnos a título individual si podemos comunicar mejor de cómo lo hacemos, ahora que avanzamos hacia una sociedad cada vez más digital y que nuestras palabras pueden dar la vuelta al mundo a golpe de clics.

El lado más feo de la comunicación digital

Me planteo esto, además, porque desde que empecé a formarme como copywriter (o redactora publicitaria) me han chirriado ciertas prácticas, por desgracia habituales, dentro de este mundo. 

Hablo de estrategias comerciales que, bajo mi punto de vista, colocan a las personas en situación de vulnerabilidad.

Lo hacen cuando nos lanzan exageradas o falsas promesas. Cuando, queriendo o sin querer, nos presionan, chantajean o abusan de nuestro tiempo. Cuando tratan de avivar nuestros deseos y frustraciones con el único objetivo de hacer más caja. 

En marketing se habla mucho de empatizar y conectar con el cliente.

¡Y suena fenomenal!

Pero lo que yo veo con demasiada frecuencia es una empatía con las patas muy cortas, y una conexión de usar y tirar.

En realidad, no hay un interés genuino por resolver las necesidades de las personas y mejorar sus vidas. El dinero está por encima de todo y lo mueve todo. 

Como copywriter, tengo bastante claro qué tipo de comunicación quiero hacer. Pero aun así, en ocasiones me enfrento a conflictos (digamos que de tipo ético) que me hacen replantearme si la forma en la que redacto mis textos comerciales es del todo buena para las personas a las que van dirigidos.

Por ejemplo, muchos de los que nos dedicamos a escribir para vender decimos hacerlo para ayudar al cliente a tomar la mejor decisión de compra.

Hasta ahí todo bien.

El problema es cuando nos convencemos de que sabemos mejor que ellos lo que necesitan. Por eso insistimos e insistimos. Por eso hacemos cartas de venta interminables o textos para webs que las convierten en auténticas ratoneras.

¡Casi parece que quisiéramos decidir por ellos!

Pero, ¿acaso puedo yo saber qué es lo mejor para una persona que ni conozco ni conoceré?

Ojalá todo fuera tan fácil…

Comunicar de forma responsable

Creo que quienes comunicamos a través de internet no siempre somos conscientes del alcance o las consecuencias que nuestros mensajes puedan llegar a tener en las vidas de quienes nos leen.

Durante esta pandemia hemos visto cómo han proliferado en la web informaciones falsas sobre el virus, y cómo estas nos han dejado más expuestos y desprotegidos.

Nuestras comunicaciones comerciales tampoco son inocuas.

Las palabras nunca lo son.

Aunque nuestra atención sea limitada o apliquemos nuestros propios filtros cuando navegamos por la red, una parte de todo lo que leemos o escuchamos nos influye y condiciona.

Así, hay palabras que nos nutren, nos hacen más libres, nos sanan o nos alegran el día. Y otras que nos remueven, nos presionan, nos confunden o nos llevan a tomar decisiones equivocadas o precipitadas.

También hay palabras que ni fu ni fa, simplemente nos roban tiempo. Tiempo para hacer lo que realmente nos gustaría hacer.

Aunque nos guste pensar lo contrario, el ser humano es fácilmente influenciable. Por eso, quienes comunicamos tenemos una responsabilidad importante sobre lo que decimos. 

Una comunicación más humana

Cuando digo que podemos comunicar mejor, estoy hablando de que nuestra comunicación puede ser:

Más o menos honesta

Más o menos empática

Más o menos accesible

Más o menos inclusiva

Y podría seguir…

En general, creo que nos falta una mirada más profunda y humana de ese posible cliente que nos lee al otro lado de la pantalla.

Nuestros lectores no son ratoncitos de laboratorio ni están hechos de cartón piedra. Son personas inteligentes, pero también sensibles a su entorno. 

Cuando comunicamos para vender no podemos hacerlo ignorando la vulnerabilidad de la naturaleza humana o la complejidad de la vida. Nuestro cliente ideal no es esa foto plana y congelada en el tiempo que tenemos en la cabeza. 

Sí, necesitamos de ese retrato robot para enfocar nuestro mensaje, pero sin olvidarnos de que al otro lado no hay robots. Y que nuestro público es mucho más diverso y rico en matices de lo que imaginamos.

Cuidar de las palabras para cuidar de las personas

El problema de comunicar bajo esa mirada reduccionista es que solo vemos una parte muy pequeñita de la realidad.

La que nos interesa.

Y claro, así es más fácil pasarse de rosca y acabar lanzando mensajes de venta excesivamente persuasivos. De esos que aprietan y aprietan hasta que logran la venta.

Cierto es que cada vez vamos detectando mejor este tipo de comunicación tan invasiva. Poco a poco vamos desarrollando nuestros propios mecanismo de defensa.

Pero también es verdad que no todo el mundo (por edad, personalidad o circunstancias vitales) tiene las mismas herramientas para protegerse de ella.

Tampoco nos planteamos que quienes nos siguen desde el otro lado de la pantalla pueden tener problemas de comprensión lectora, o algún tipo de discapacidad física o intelectual que les impide percibir o comprender correctamente lo que comunicamos. Sin querer, estamos dejando fuera de juego a personas interesadas en lo que hacemos.

¿Lo has pensado alguna vez?

Lo sé, no es posible (ni sería efectivo) comunicar para toooodo el mundo. Pero sí podemos intentar ensanchar nuestra mirada y calibrar nuestros mensajes.

En definitiva, hablo de cuidar de las palabras para así cuidarnos un poquito más los unos a los otros.

Otra forma de comunicar y vender

Esa otra forma de comunicar y vender tendría una doble misión.

Por un lado, poner en valor nuestras ideas y valores, nuestros productos o servicios. Y por otro, poner en valor a las personas a las que hablamos, respetando su libertad, dignidad y diversidad.

Estoy pensando en una forma de comunicar menos interesada, y más preocupada por el beneficio mutuo.

También, más auténtica y transparente. Mas accesible e inclusiva. Menos centrada en atrapar nuestra atención y lograr clics a toda costa, y más en ir cultivando relaciones honestas y de calidad con nuestros públicos.

Esa otra forma de comunicar, además, debería contribuir a un tipo de consumo más reflexivo, pausado y sostenible, y que ponga freno a esta locura consumista en la que vivimos.

Estoy segura de que comunicar así no solo será bueno para nuestras empresas en el medio y largo plazo. Será bueno para el mundo, porque estaremos dejando una huella más positiva en la sociedad, y también en el planeta. 

No es poca cosa…

Un entorno digital más habitable

Por si no te has dado cuenta, internet está hecho de palabras.

¡Y qué poderosas son!

Están ahí, a nuestra disposición, para inyectar vida a nuestros proyectos y gasolina a nuestras causas. Pero también están ahí para contribuir con ellas a algo más grande aún: a la construcción de un universo digital que vele por el bienestar de todos y todas, y no por los intereses de unos pocos.

¿Has pensado alguna vez cómo te gustaría que fuera el internet que conocieran tus hijos o nietos?

A mí me gustaría que fuera un lugar más saludable y seguro del que es ahora. Que dejara de ser una gran centro comercial para convertirse en otra cosa. Algo que hiciera mejor a la especie humana y que nos ayudara a vivir más plenamente la vida de verdad, la que está fuera.

 Pues de eso hablo….

De construir, palabra a palabra y en la medida de nuestras posibilidades, un internet mejor. Uno que, además de ayudarnos a vender, nos haga un poquito más felices a las personas.

No es tanto pedir…. ¿no crees?

¿Y tú, también sientes que podrías comunicar mejor de lo que lo haces? ¿Qué cosas no te gustan de la forma en la hoy se comunica y vende en internet?

Ya estoy deseando leerte 🙂

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