Situar a las personas en el centro de tu web

Por Eva Teruel

11 Feb, 2021
Mujer con mascarilla en la calle

Hace poco una clienta me dijo esto: 

“Quiero tener una página web porque creo que las personas tienen derecho a conocer mis servicios antes de contratarme”.

Me sorprendió su comentario, porque puso el foco en las necesidades de sus clientes y no tanto en las suyas. 

Lo habitual hubiera sido que me dijera: quiero dar a conocer mis servicios, aumentar mi visibilidad y reputación, vender más, hacer crecer mi empresa…

Eso hubiera sido lo normal, lo esperado. 

Que me hablara de derechos rompió mis esquemas. Hasta entonces nunca lo había pensado desde esa perspectiva.

Por supuesto que mi clienta quería mejorar su presencia digital y atraer nuevos clientes.

Pero no solo. 

Su mirada también estaba puesta en las necesidades de su público. Había en ella un interés sincero por mejorar sus vidas.

De alguna forma pensó que tener una página web podría ayudarla en su objetivo de alinear sus necesidades con las de sus potenciales clientes.

Un problema de comunicación

Son muchas las empresas que llevan en su ADN ese deseo genuino por mejorar la vida de las personas.

Sin embargo, cuando llega el momento de comunicar esos proyectos al mundo, no siempre logran transmitir ese propósito en toda su intensidad.

En ocasiones, el mensaje no convence, no cala… e incluso, puede llegar a generar recelos o desconfianza en quienes lo leen.

En muchos casos, esto ocurre porque NO se coloca al usuario/cliente en el centro de la comunicación. 

Se ve fácil cuando entramos en una página web buscando algún tipo de producto o servicio, y lo que leemos nos resulta frío y desconectado de nuestra realidad. No parecen entender nuestras verdaderas inquietudes o necesidades. Nos hablan en un “idioma” que no comprendemos bien.

Todo resulta confuso.

Otras veces lo que leemos nos pone en alerta.

Demasiado autobombo y promesas que suenan poco realistas. A veces hurgan en heridas que nos hacen sentir mal. Nos insisten más de lo que nos gustaría, nos meten prisa y cada poco nos dicen lo que tenemos que hacer: ¡contacta! ¡regístrate! ¡conócenos!

Es normal que bajo este tipo de textos cueste identificar un auténtico interés por ser útil a los demás.

Empatizar, comprender, sintonizar

Todo esto cambia cuando situamos al cliente en el corazón de nuestra comunicación y de nuestros textos digitales.

En ese momento, dejamos de mirarnos el ombligo para poner toda nuestra energía en comprender mejor lo que nuestros clientes necesitan y buscan.

Es entonces cuando nuestra web empiezan a hablar menos de nuestra empresa y más de lo que a nuestro público le interesa.

Por fin, dejamos a un lado discursos forzados y pomposos, para empezar a expresarnos en un lenguaje claro, sencillo y cercano.

El lenguaje de la gente.

Ya no intentamos aparentar lo que no somos sino mostrar nuestra verdadera identidad, porque es así como nos gustaría que lo hicieran con nosotros/as.

Pero con todo, esto no siempre es suficiente.

¿Tu web habla a las personas?

Puede parecer una obviedad, pero es algo que no siempre hacemos cuando vendemos a través de internet.

Estamos tan involucrados en sacar adelante nuestro negocio que sin querer dejamos de ver personas al otro lado de la pantalla, para empezar a ver potenciales clientes o simples consumidores.

Cuando esto ocurre es fácil lanzar mensajes que en otro tipo de contextos no diríamos, o no de la misma forma.

Y es que ojos que no ven….

Así que nos relajamos un poco y empezamos a expresarnos en un tono que no es el nuestro.

Mirar a quienes visitan tu web como personas antes que como potenciales clientes, hará tu comunicación más humana, de más calidad. Y con mucho más potencial para influir de forma positiva en la vida de la gente.

Y es que cuando tomamos verdadera conciencia de que estamos hablando a seres humanos, no solo cambia lo que escribimos o nuestra forma de vender.

Cambia también el diseño de nuestra web, el de nuestros productos y servicios, e incluso nuestro modelo de negocio.

Cambia todo.

Yo cada vez lo veo más claro. Comunicar de una forma más humana y ética implica adoptar compromisos y tomar decisiones que no siempre son fáciles.

Tu web como una herramienta de conexión

Ahora que con la pandemia estamos tan necesitados de contacto, importa más que nunca cuidar esos espacios de conexión para así invertir en relaciones más cálidas y significativas.

Para mí, colocar a las personas en el centro de nuestra comunicación significa cuidar al máximo esos puntos de contacto con nuestros públicos, ya sea un comercio a pie de calle, una tienda online o un perfil en una red social.

Si hablamos de páginas web, estaríamos hablando de convertir tu página en algo más que un frío escaparate.

A mí me gusta ver las páginas web como un hogar digital con las puertas abiertas.

Un lugar único, hecho a tu medida y a la medida de tu cliente, y donde compartir, sembrar y cultivar relaciones.

Un espacio de encuentro donde facilitar o enriquecer de alguna forma la vida de las personas.

¡También es la plataforma perfecta para vender tus servicios! 

Pero sin urgencia, sin presión.

Sobre todo, respetando el derecho de las personas a decidir libremente.

El objetivo más vital de tu web

La misión más importante de tu página web es dejar una huella significativa en tu público y empezar a tejer un vínculo de interés mutuo que podrá hacerse fuerte con el tiempo.

Si al menos conseguimos que la persona que llega a nuestra web piense, «hey, esto que cuentan me interesa, conecta conmigo”, ya habremos dado un paso de gigante en dos direcciones:

  • Habremos aportado un rayito de luz en la vida de esa persona.
  • Estaremos un poco más cerca de que, en algún momento, quiera contar con nuestra empresa para resolver su problema o deseo.

Humanizar lo digital

Situar a las personas en el centro de tu web significa humanizar tu forma de comunicar y vender en internet.

Humanizar lo digital.

Pero no como una simple estrategia para hacer más eficientes nuestras empresas, sino sobre todo, como una estrategia para crear sociedades más justas, saludables y sostenibles.

Y donde los derechos de las personas estén garantizados, como así me recordó mi clienta.

¡Gran reto el que tenemos por delante!

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